Este piso de 65 metros cuadrados está situado en un edificio de cinco plantas de mediados del siglo XX, donde las estrechas ventanas altas, los techos de 3.20 m de altura y una distintiva escalera marcan el tono de todo el interior.
Nuestra tarea fue integrar el carácter arquitectónico del edificio con la vida moderna: aprovechamos la verticalidad de las ventanas, conservamos la generosa altura y diseñamos un interior donde la luz, el espacio y la proporción se complementan. La paleta de colores es sobria, con líneas limpias, cálidos acentos de madera y un sutil contraste, lo que permite que el interior respire y se mantenga vivo durante años.
Aunque la casa tiene historia, el resultado es un ambiente moderno y confortable, diseñado para la vida diaria, no para lucirse. Desde la ergonomía hasta los materiales, nuestro enfoque garantiza que la casa se sienta actual hoy y siga siendo relevante mañana.





















